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Estilos

Ashtanga

La misma secuencia, práctica tras práctica, unida por la respiración. Con el tiempo ya sabes qué sigue, dejas de pensar y solo practicas.

El ashtanga es un método de yoga dinámico: las posturas van siempre en el mismo orden, unidas por la respiración. El nombre viene de las ocho ramas del camino del yoga que describió Patañjali —aṣṭāṅga significa "ocho ramas"—; el mapa completo está en el blog: las 8 ramas del yoga.

De dónde viene

El método nace en Mysore, al sur de la India, donde lo enseñó durante décadas K. Pattabhi Jois, alumno de Krishnamacharya. Las secuencias se diseñaron originalmente para hombres adolescentes —los alumnos del palacio de Mysore, cuerpos jóvenes con energía de sobra—. Por eso la práctica es tan física, y por eso hoy se adapta persona por persona. En los años setenta los primeros alumnos extranjeros la llevaron al resto del mundo.

El método se organiza en series con un orden fijo, y cada una tiene su propósito:

No es una carrera: cada postura se gana con práctica.

Cómo es una clase típica

Hay dos formatos. En la clase guiada, el maestro va guiando la secuencia y todo el salón se mueve junto: saludos al sol, posturas de pie, la parte sentada y un descanso final en śavāsana (en el blog escribí por qué es la postura más importante). Cada postura se sostiene entre cinco y quince respiraciones.

El otro formato es el estilo Mysore, el tradicional: todos practican en el mismo salón, cada quien a su ritmo, mientras el maestro va de tapete en tapete. Aunque suene intimidante, es el mejor formato para empezar: recibes la secuencia en pedacitos, a tu medida. Es lo más parecido a una clase particular dentro de una clase grupal.

En los horarios de Niyat los vas a encontrar con sus nombres en inglés:

Los tres apoyos

Durante toda la práctica sostienes tres cosas a la vez —el método las llama tristhana—, y esa combinación es lo que la vuelve una meditación en movimiento:

Qué se siente

Es una práctica física y fuerte: el cuerpo genera calor desde adentro y sudas desde los primeros saludos al sol. Con el tiempo construyes fuerza en todo el cuerpo, y la flexibilidad llega sin que la persigas.

Pero lo interesante pasa en la mente. Como la secuencia ya está decidida, la atención se queda donde debe: en la respiración, en la mirada, en lo que sientes. Como la secuencia no cambia, lo que cambia eres tú: cada práctica te muestra cómo llegaste ese día.

Para quién es (y para quién no tanto)

Es para ti si te gusta la estructura: los rituales, la disciplina, ver tu progreso medido en algo concreto. Funciona especialmente bien para mentes aceleradas, porque les da algo firme a qué agarrarse.

No es tanto para ti si buscas variedad: secuencias creativas, música, sorpresa. Y si vienes con una lesión, no te descartes: el estilo Mysore se adapta persona por persona mejor que casi cualquier clase grupal.

Mitos y miedos

"Es solo para avanzados." Es al revés: el formato tradicional está diseñado para principiantes, porque recibes la secuencia poquito a poquito. Nadie llega sabiendo.

"No soy flexible." Nadie que empieza lo es: la flexibilidad es lo que la práctica produce, no lo que pide.

"Hay que practicar seis días a la semana." Dos o tres prácticas a la semana, sostenidas en el tiempo, valen más que un mes perfecto seguido de un abandono.

"Es muy pesado." Es demandante, no te voy a mentir. Pero la intensidad se dosifica: la práctica crece contigo.

Para tu primera clase

Llega con el estómago vacío —dos o tres horas después de comer— y avísale al maestro que es tu primera vez: eso cambia por completo lo que te va a pedir. No te compares con el tapete de al lado: esa persona también empezó sin poder tocarse los pies. Si es tu primera clase de yoga en la vida, en el blog junté todo lo que necesitas saber.

El ashtanga no te pide ser fuerte ni flexible. Te pide volver. Todo lo demás lo construye la secuencia, un día a la vez.

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