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Estilos

Hatha

Yoga de ritmo pausado: posturas que se sostienen varias respiraciones, una por una. Es la raíz de la que salieron los demás estilos.

Hatha es el nombre clásico del yoga físico: el que trabaja con el cuerpo y la respiración. La palabra sánscrita haṭha significa fuerza o esfuerzo, y con los siglos se le sumó una lectura más poética: ha como sol y ṭha como luna, la unión de los dos opuestos que viven en ti, tu energía activa y tu energía calmada.

De dónde viene

De todos los estilos que existen hoy, este es el de raíces más viejas. Hace siglos, yoguis en la India desarrollaron un sistema completo para trabajar con el cuerpo; el manual más famoso es el Haṭha Yoga Pradīpikā, del siglo XV, y describe apenas unas quince posturas. Para esos yoguis la postura no era el punto, era la preparación: un cuerpo fuerte y quieto era el requisito para la respiración, la energía y la meditación. De su mapa energético escribí en el blog: los nāḍīs, ríos de energía y los chakras, mapa de energía.

Hoy, cuando un estudio pone "hatha" en su horario, quiere decir una clase de ritmo pausado donde las posturas se sostienen varias respiraciones, una por una, sin encadenarlas en flujo continuo.

Cómo es una clase típica

La clase empieza sentado: unos minutos para llegar, cerrar los ojos y dejar que la respiración se haga más lenta. De ahí el cuerpo se va despertando con movimientos suaves, y llega la parte central: posturas de pie y de piso que se sostienen entre cinco y diez respiraciones. Entre una y otra hay pausa: en hatha el descanso entre posturas es parte del método, no un extra.

El cierre es de piso: estiramientos profundos y varios minutos acostado en quietud total —śavāsana, la postura más importante—.

Qué se siente

La sorpresa de casi todos los que llegan de estilos rápidos es esta: lento no es fácil. Sostener una postura de pie durante diez respiraciones enciende las piernas de una manera que el movimiento continuo no logra. Y al mismo tiempo el sistema nervioso se calma: el pulso baja, los hombros se sueltan, la mandíbula se afloja (en el blog hay un artículo sobre cómo funciona). Sales con el cuerpo trabajado y la cabeza en silencio.

Y con la práctica constante llega el efecto más valioso: aprendes a estar. A quedarte en una postura incómoda respirando, sin huir ni forzar. Esa habilidad te acompaña fuera del tapete.

Para quién es (y para quién no tanto)

Si nunca has practicado yoga, este es el estilo con el que casi todo el mundo empieza: el ritmo pausado te da tiempo de entender cada postura. Es también para ti si vives acelerado y necesitas una práctica que te calme, o si tu cuerpo pide un trato más amable, a cualquier edad y en cualquier condición: en hatha todo se adapta.

No es tanto para ti si hoy lo que quieres es moverte fuerte y sudar: para eso están el rocket, el ashtanga o el vinyasa.

Mitos y miedos

"Es yoga para principiantes." El hatha no es el nivel fácil de los demás estilos; es la raíz de todos ellos. Los practicantes avanzados suelen volver a él: sostener una postura despacio exige, y ahí se pulen las bases.

"No soy flexible." Nadie llega siéndolo: la flexibilidad es lo que la práctica va produciendo, no lo que pide en la puerta.

"Es aburrido." Es lento, que no es lo mismo. El aburrimiento de los primeros minutos suele ser la mente acelerada protestando porque le quitaste el ruido, y verla calmarse es parte de la práctica.

"Es algo religioso." Practicar no te pide creer nada: te pide respirar y prestar atención. Lo que hagas con la calma que te deja es asunto tuyo.

Para tu primera clase

Ropa cómoda, estómago ligero, y llega diez minutos antes. Dile al maestro que es tu primera vez. Adentro, tu única tarea es respirar por la nariz y no compararte con nadie: la postura correcta es la versión que tú puedes sostener respirando tranquilo. Y quédate hasta el final, incluido el descanso último. En el blog junté todo lo que necesitas saber.

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